Por Beverly Andrews
Mientras Cannes marca la pauta del glamour, Venecia la del prestigio, y Sundance la del descubrimiento independiente, el Festival de Cine de Tribeca en Nueva York se ha consolidado como un espacio distinto: un escaparate crudo, urbano y profundamente político, donde el cine dialoga con la comunidad. Este verano, Tribeca regresó con una nueva edición imponente, proyectando 118 largometrajes y 93 cortos, y reafirmando su vocación de ser una plataforma para relatos urgentes, íntimos y necesarios.
Entre lo más destacado de esta edición se encontraron películas que abordaron con valentía las tensiones de la identidad, la pertenencia y el poder del arte para desafiar fronteras sociales y culturales.
Rebecca – La historia de Becky G
Uno de los estrenos más esperados fue Rebecca, un documental dedicado a la estrella latina Becky G.
En un país donde las comunidades hispanohablantes continúan enfrentando políticas de exclusión, redadas de ICE y un clima hostil hacia los migrantes, la película convierte a Becky G no solo en una artista, sino en un símbolo de resistencia cultural.
El documental no se limita a mostrar su meteórico ascenso musical; también revela cómo una biografía marcada por la adversidad moldeó su trayectoria y su fuerza. El impacto emocional es palpable en las escenas de conciertos donde mujeres latinas, muchas de ellas de mediana edad, rompen en lágrimas: un recordatorio de que el arte no solo entretiene, también sostiene identidades en tiempos de asedio.
Happy Birthday – Divisiones de clase en Egipto
La ópera prima de la directora egipcia Sarah Goher, Happy Birthday, ofrece una mirada desgarradora y lúcida a las fracturas sociales de su país.
La historia sigue a Toha, una niña de ocho años que trabaja como sirvienta en una familia acomodada. Toha aún no comprende del todo la violencia de la jerarquía social, y se empeña en organizar una fiesta de cumpleaños para la hija de la casa—una niña a la que percibe más como amiga que como patrona.
El choque entre inocencia y realidad es el motor de un relato en el que Goher evita clichés orientalistas y, en cambio, dirige su mirada hacia las profundas desigualdades internas de Egipto. Una película sutil y feroz que confirma a una voz nueva en el cine árabe.
Runa Simi – Una lengua recuperada
Quizá el documental más conmovedor del festival fue Runa Simi, que narra el empeño de un padre peruano de clase media por doblar El Rey León al quechua, lengua históricamente marginada en el Perú.
Tras ser ignorado una y otra vez por Disney, el protagonista emprende un viaje con su hijo para hacer realidad su proyecto de forma artesanal, recorriendo el país y movilizando recursos comunitarios.
El clímax es inolvidable: un grupo de niños indígenas observa, por primera vez, a Simba y Mufasa hablar en su propio idioma. Sus rostros iluminados son un testimonio vivo del derecho a existir con dignidad cultural. Un recordatorio de que el cine, lejos de ser un lujo, puede ser un arma de resistencia.
Tribeca 2025 demostró, una vez más, que es mucho más que una vitrina de estrenos. Es un espacio donde el cine se convierte en política cultural, donde se defienden identidades invisibilizadas y donde el acto de contar historias puede desafiar el olvido. Con títulos como Rebecca, Happy Birthday y Runa Simi, el festival ratificó que el séptimo arte no solo entretiene: también dignifica y reivindica.
