TINA TURNER

la muerte de un icono

Por Beverly Andrews

En la era digital, la palabra “leyenda” se usa con excesiva ligereza. Sin embargo, al hablar de Tina Turner, ese término parece quedarse corto frente a una mujer excepcional, dueña de una voz potente y única, y de una presencia escénica arrolladora. Gracias a su talento y profundo conocimiento artístico, estuvo a la altura de figuras como David Bowie —su amigo y mentor en la segunda etapa de su carrera—, quien fue clave en su resurgimiento. Tina demostró que los artistas pueden reinventarse, y en su caso, el segundo acto de su carrera superó con creces al primero. Mucho antes de Beyoncé, ya estaba Tina Turner.

El 26 de noviembre de 1939, nació en Brownsville, Tennessee, muy cerca de Nutbush —donde su padre trabajaba como vigilante de cortijeros— Anna Mae Bullock, más conocida como Tina Turner. Desde muy joven, Tina tuvo que recoger algodón. Más tarde, cuando sus padres partieron en busca de trabajo, la dejaron al cuidado de sus abuelos. Su madre, sin embargo, acabaría por abandonar el hogar para escapar de una relación abusiva. Por desgracia, la violencia doméstica dejaría una huella imborrable en la vida de Tina.

El sentimiento de abandono se acentuó cuando su padre contrajo segundas nupcias. A pesar de todo, encontró consuelo en la música. Siendo aún adolescente, una noche asistió a una presentación del grupo de Ike Turner. Impresionada por lo que vio en el escenario, le pidió al grupo que la dejara cantar con ellos. Ike, cautivado por su talento, le propuso unirse al conjunto. Para evitar problemas legales, ya que Tina era menor de edad, rebautizó la banda como Ike & Tina Turner Revue.

Ike Turner, uno de los primeros productores importantes de música negra en Estados Unidos y descubridor de múltiples talentos, tenía una visión clara para el grupo. Diseñó una estética particular para Tina y las nuevas coristas y bailarinas, conocidas como las “Ikettes”. Ike & Tina Turner Revue se convirtió en una de las agrupaciones más destacadas del chitlin’ circuit, una red de clubes que acogía artistas afroamericanos en una América aún profundamente segregada.

Las giras eran agotadoras, pero atrajeron la atención del legendario productor Phil Spector, quien firmó con ellos y grabó uno de los temas más emblemáticos de Tina Turner: River Deep Mountain Sound. Muchos consideran esta canción como la máxima expresión del famoso Wall of sound de Spector. Aunque solo alcanzó el puesto 88 en la lista Billboard en EE.UU. —logrando mucho más éxito en el extranjero—, el sencillo les valió una invitación para participar como teloneros en una gira de los Rolling Stones, lo que les dio acceso a un público mucho más amplio.

La creciente popularidad del grupo coincidió, lamentablemente, con un periodo bien documentado en el que Ike Turner cayó poco a poco en la adicción a la cocaína, lo que lo volvió cada vez más violento en su vida conyugal. Sus infidelidades desenfrenadas, sus estallidos de ira y episodios de brutalidad eran tan frecuentes que incluso los músicos que trabajaban con él tenían dificultades para soportarlo. Agotada física y emocionalmente, Tina Turner llegó a intentar quitarse la vida.

Gracias al budismo, Tina Turner encontró el valor para enfrentar los desafíos más duros de su vida. Adoptó la práctica del budismo Nichiren, una tradición japonesa del siglo XIII que promueve el respeto por toda forma de vida, incluida la del propio practicante. Esta disciplina espiritual y meditativa se convirtió en su refugio y en su fuente de fortaleza interior. Finalmente, armada de ese nuevo coraje, tomó la decisión de dejar a Ike. Se escondió en un hotel frente al alojamiento que ambos habían reservado, intentando ocultar los golpes y las heridas sangrantes que cubrían su cuerpo.

Tina Turner quedó en la ruina tras la cancelación de numerosos conciertos en los que debía presentarse. La separación no solo fue personal, sino también profesional: el grupo se disolvió, dejando tras de sí miles de dólares en deudas. Años más tarde, en una entrevista con The Daily Beast, un Ike Turner triste y desconcertado expresó, con aparente incomprensión sobre la ruptura: “Aún no sé por qué me dejó.”

Para poder saldar parte de las deudas acumuladas durante su vida con Ike, Tina Turner participó en numerosos concursos televisivos estadounidenses y emprendió una gira de estilo cabaret, un formato que amenazaba con encasillarla en un nostálgico y limitado circuito musical. Sin embargo, a comienzos de los años 80, ocurrió algo extraordinario.

Por insistencia de David Bowie, Capitol Records —el sello con el que él trabajaba— decidió ofrecerle un contrato discográfico. Tina lo firmó y pronto lanzó una versión del clásico de Al Green Let’s Stay Together, seguida poco después por What’s Love Got to Do with It. El videoclip de esta última mostraba a una Tina renovada: caminando por las calles de la ciudad con chaqueta vaquera y un peinado puntiagudo típico de los años 80, justo en los inicios de la era MTV.

Estos éxitos no solo marcaron un nuevo capítulo en su carrera, sino también una época en la historia musical. Para muchos, Michael Jackson y Prince fueron quienes rompieron las barreras raciales que limitaban la proyección global de los artistas afroamericanos. Pero Tina Turner también fue parte esencial de ese cambio.

Su álbum Private Dancerr fue un fenómeno: se vendió en más de seis millones de copias en todo el mundo, catapultándola definitivamente al estatus de superestrella internacional. Literalmente, valía oro.

El sencillo What’s Love Got to Do with It se convirtió en su primer —y único— número uno en la lista Billboard de Estados Unidos. El éxito fue rotundo, y Tina Turner ganó tres premios Grammy gracias a este renacer artístico. Poco después, amplió su carrera al cine, apareciendo junto a Mel Gibson en la película Mad Max: Beyond the Thunderdome.

El filme fue un éxito mundial, al igual que su tema principal, We Don’t Need Another Hero, compuesto por Graham Lyle y Terry Britten. La canción se consolidó como uno de los mayores éxitos internacionales de Tina Turner y reforzó su estatus de ícono global, capaz de conquistar tanto la industria musical como la cinematográfica.

Durante este periodo, Tina Turner alcanzó la quinta posición entre las artistas femeninas con mayores ventas de todos los tiempos, con más de 200 millones de discos vendidos en todo el mundo. Para poner en perspectiva esta hazaña, solo Madonna —quien ostenta el récord con más de 300 millones de álbumes—, Rihanna, Mariah Carey y Whitney Houston la superan. Incluso las grandes estrellas contemporáneas como Beyoncé, Adele y Taylor Swift se sitúan por detrás de ella en volumen de ventas acumuladas.

Los espectáculos de Tina Turner se volvieron legendarios, destacando especialmente su gira Break Every Rule, que batió récords de taquilla en 13 países. Su concierto en Río de Janeiro sigue siendo uno de los más grandes de pago en la historia, con 180.000 espectadores reunidos en el estadio de Maracaná.

En los años 90, publicó su autobiografía I, Tina: My Life Story, que fue adaptada al cine en 1993 bajo el título What’s Love Got to Do with It. La película, aclamada por la crítica, fue protagonizada por Angela Bassett y Laurence Fishburne, quienes recibieron nominaciones al Oscar por sus interpretaciones.

Décadas más tarde, en 2018, la vida de Turner fue llevada al teatro en forma de comedia musical. Tina: The Tina Turner Musical se estrenó con gran éxito en Londres y posteriormente se presentó también en Broadway, consolidando su legado en el mundo del espectáculo.

Sin duda, el mayor legado de Tina Turner fue haber inspirado a millones de mujeres maltratadas en todo el mundo. Gracias a su ejemplo, muchas descubrieron que era posible romper el ciclo de la violencia, abandonar a una pareja abusiva y reconstruir sus vidas con dignidad y fuerza. Turner declaró en numerosas ocasiones que su práctica del budismo fue fundamental para superar las pruebas más difíciles de su vida, al punto de afirmar que sin ella, su existencia ya no tendría sentido.

La vida no dejó de presentarle desafíos. Tina sufrió la pérdida irreparable de sus dos hijos biológicos durante su vida, un dolor inmenso para cualquier madre. Además, hacia el final de su vida, enfrentó graves problemas de salud, entre ellos insuficiencia renal. Fue entonces cuando su segundo esposo, Erwin Bach, le donó uno de sus riñones, en un acto de amor y generosidad absoluta. Resulta inevitable preguntarse si no hay un elemento kármico en su historia: la violencia de su primer marido pudo haberle costado la vida, pero fue el amor y la bondad de su segundo esposo lo que finalmente se la salvó.

Su último libro, Happiness Becomes You, es un retrato profundo y sereno de una mujer que atravesó incontables tormentas, y que, a través de ellas, llegó a comprender el verdadero significado de la felicidad.

Hace poco, The New York Times publicó un reportaje conmovedor sobre su vida cotidiana en Suiza. En él, vecinos relataron que solían verla haciendo compras en tiendas locales o comiendo en pequeños restaurantes con su esposo, como cualquier residente más del lugar. Esa cercanía, esa humildad, contrastaba con su estatura de leyenda.

Una de sus últimas actuaciones en el escenario fue junto a Beyoncé. De esa noche quedó una imagen poderosa: dos generaciones de mujeres negras icónicas compartiendo el escenario. Una foto que podría llevar por título: “Yo abrí la puerta. Ahora te toca a ti cruzarla.”



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